José María Cumbreño: Límites y progresiones

 

Julio de 2007

     ¿Cuál es un seis y un cero?

    Contesto que sesenta casi sin pensarlo. Con la rutina de una calculadora vieja con pocas pilas. Son las ocho y cuarto de la mañana. Domingo.

    Manu (no me explico cómo madruga tanto) parece quedarse conforme con mi respuesta. Se sube los pantalones del pijama, se lava las manos (tengo que recordárselo) y se sienta a la mesa, delante de la tele. Había leído la cifra en un paquete de toallitas que usamos cuando él va al servicio. Tiene cinco años y medio y está apren-diendo a limpiarse solo.

    Irene y Chose duermen arriba. La niña ha pasado mala noche (ayer hizo un calor africano) y Chose ha intentado calmarla dándole el pecho cada vez que la veía intranquila. No fuera a tener sed. Además, ha habido verbena en uno de los barrios próximos al nuestro. Consecuencia: apenas hemos podido pegar ojo.

    Le pongo el desayuno y los dibujos a Manu (mira, Chema, los muñecos que a mí me gustan). Lue-go (total, ya puestos), voy a la cochera para sacar a Coca. El parque está pegado a casa, así que ni me molesto en atarla, más que nada porque la perra es inofensiva.

    Mientras ella olfatea el tronco de un árbol, yo empiezo a pensar en los niños. En los niños como seres concretos, no en la niñez.

    En lo que dan, en lo que quitan.

    Mira, Chema, ésa es la peli que he ido a ver con mi padre.

    Chose dice que solamente cuando se tienen niños se sabe de verdad lo que es el miedo.

    Y lleva razón.

 El conocimiento del cristal

 

    Como castigo por haber mordido la manzana, Dios, digan lo que digan las Escrituras, no expulsó a Adán y Eva del Paraíso.

    Se conformó con darles el conocimiento del cristal.

    Para que pudiesen ver a través de él pero no pudieran tocar lo que había al otro lado.

 

Julio de 2007. Contarlo todo

 

    Contarlo todo: ésa ha sido siempre la aspiración de la literatura. Lo que sucede es que el arte, ni siquiera el que se confiesa figurativo de manera explícita, nunca es copia de la realidad, por la sencilla razón de que no resulta posible copiar algo que no existe. No hay realidad alguna, sino únicamente perspectivas de esa realidad.

    Puntos de vista que, además, hemos hereda-do. Que ni siquiera son propios.

    Me parece que en algún sitio he escrito que el ojo no ve, sino que produce lo que mira. Es de-cir, que, aunque quisiera describirlo todo, ese todo que intentaría reproducir sería, ya desde el inicio, no otra cosa que mi interpretación de lo que creo ver.

    Con la mano derecha no se puede explicar lo que se ha hecho con la izquierda.

 

Semillas

 

    La princesa pidió hacer ella misma la cama de la habitación de invitados donde iba a dormir su primo, el infante don Jaime, que regresaba vic-torioso de luchar contra el infiel.

    Alabada sea la Virgen María, madre y señora nuestra.

    Primero probó, tumbándose en él, la comodidad del colchón.

    Luego, sin dejar de sonreír, puso sábanas lim-pias.

    Y, por último, mientras mullía la almohada, escondió en el relleno unas cuantas semillas.

    Esa noche el muchacho, cuando cayese rendi-do por el cansancio, soñaría con árboles cuyos frutos tienen el sabor blanco del pecho de las doncellas.

                  

Julio de 2007. Baldosas

 

    Algunas baldosas de casa suenan al pisarlas. Se ve que el albañil que nos hizo la obra puso poco cemento en las esquinas. Intentando que quedasen igualadas.

    Es como un crujido.

    Un crujido que me recuerda que el suelo nuevo está colocado sobre el viejo, que debajo de esas baldosas (bastante caras, la verdad) hay otras más humildes que son las que en realidad me sujetan.

    Suelo sobre suelo.

    Estratos.

    Límites y progresiones.

 

Julio de 2007. El pacto autobiográfico

 

    Tienes que cambiarles el nombre a los personajes. No sé, me da pudor. Al fin y al cabo, es nuestra vida.

    No, no, eso tampoco se puede poner por escrito. No te pido que mientas. Simplemente que omitas ciertos detalles.

    Aunque lo cierto es que no creo que ni él ni ninguno de su familia vayan a leerlo.

    Prefiero que el niño se entere de eso cuando sea mayor. Pero que se entere por sí mismo.

    Entiéndelo.

 

Julio de 2007. Escribir contra la luz

 

    La ventana a mi derecha.

    Siendo diestro, lo normal habría sido sentarme justo enfrente de donde estoy.

    Sin embargo, trato de que la luz venga en sentido opuesto a lo que escribo.

    Para que las palabras crezcan dentro de la sombra que mi mano proyecta sobre el papel.

 

Invierno

 

    El emperador tenía para él solo cuatro dormitorios, que iba ocupando según la estación del año en la que se encontrase.

    Hasta que mandó decapitar al joven cónsul.

    Demasiado hermoso para exigirle además fideli-dad.

    Después de la muerte del muchacho, y a pesar de los años que transcurrieron, ni la guerra que estalló como consecuencia de aquella ejecución ni la compañía continua de otros amantes aún más jóvenes le hicieron volver a querer salir jamás de la habitación consagrada al invierno.

 

Julio de 2007. Los buzones

de las casas deshabitadas

 

    Mis padres de vacaciones.

    Durante una semana me toca ir a regarles las plantas y a recogerles el correo.

    No me supone ninguna carga.

    A fin de cuentas, el tronco del Brasil se lo regalé yo.

    Y lo de abrir buzones reconozco que es una de mis debilidades.

    Sobre todo cuando llega alguna carta a mi nombre.

    No vivir en el lugar al que nos escriben debe ser lo más parecido a tener varias vidas a la vez.

                                                

El locus amoenus del místico

 

    Que el desierto fuese el lugar propicio a la reve-lación divina mostraba a las claras el tipo de dios del que estábamos hablando.

 

Julio de 2007. Hallazgos.

 

    Manu dice que Irene es minipequeña.

                                       

 Nudos

 

    Los egipcios representaban la palabra nombre con un dibujo en el que se veía una cuerda llena de nudos.

    Debe de ser ésa la razón por la que hay nudos que se aflojan casi solos.

    Y nudos que sólo se deshacen si se cortan.

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