Javier Gallego Dueñas: Maravilloso miedo

 

La carretera de noche se convierte en un océano que rodea al conductor quien, a veces, no distingue si bucea o se arrastra entre las líneas del arcén. El cielo y el paisaje se funden en un azul negrísimo que inunda el habitáculo mientras pareciera que el automóvil fuera incapaz de avanzar. Solo los anuncios periódicos de las distancias a las próximas localidades despiertan de la ilusión de permanencia. El conductor confía en que, si deja pasar el suficiente tiempo, la capital acabará llegando y, después de un intervalo, estará próximo su destino. No es que el automóvil avance, es el tiempo el que sitúa al viajero en su destino.

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 Apago la luz para que solo su voz me llegue limpia, sin imagen, sin interferencias. Busco entre las fotografías antiguas la verdadera esencia, el rostro real que se desdibuja y casi desaparece, casi desaparece. El dolor es un puñal que se va adentrando desde los ojos hacia la boca del estómago, corta los tendones, los vasos, los nervios. No puedo recrearme en esas fotografías que me asaltan desde la pantalla del móvil. Cierro los ojos y me siento bajo una pérgola, en un patio, con el olor del mar y el sonido de las gaviotas, con plantas trepadoras y palmeras que albergan cotorras salvajes. Con ese fondo de algarabía escucho su voz, la que siempre fue, la que siempre es. Sin imágenes.

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 La esperanza es un brillo necesario y fugaz. Hace trampas y se cuela en los resquicios del desamparo. A través de la promesa se infiltra el autoengaño y oscurece la mirada hasta cegar los ojos. Los propios y los del espejo. Dicen que los verdaderos ojos están en el corazón. Y en el corazón habita ese marrullero genio alimentado por la esperanza. La esperanza responde a la voluntad de creer, aprovecha una necesidad de confiar, fructifica en la placidez del descanso de la tensión que el miedo y la incertidumbre agotan. Minuciosamente los ojos de corazón ansían un pequeño brillo, un resquicio, una grieta por donde se cuele la luz. Futuro es la marca del abono para la semilla imprescindible de la esperanza.

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Nota biográfica

 Javier Gallego Dueñas es poeta, reseñista (profundamensuperficial.blogspot.com.es), doctor en sociología y profesor de secundaria. Editor y miembro fundador de la revista Voladas, ha publicado en diversas revistas académicas y literarias (Exégesis, El ático de los gatos, Cuadernos de Roldán, CaoCultura, 142 Revista Cultural, Luz Cultural, Revista Cultural Blanco sobre Negro, Revista Rótula, Cuadernos de Humo, Culturamas…) y aparecen textos suyos en varias antologías. Ha participado junto a Gallera Bernal en los proyectos Intrusos y El muelle y en el libro Recuerdos de Rota, de Juan M. Laynez, compilación del archivo fotográfico Quijano. También en el homenaje a los diarios de José Luis García Martín organizado por Hilario Barrero (Leer la vida, Impronta, 2021). Su primer libro de poemas, Las gramáticas del tiempo (Takara, 2017) tiene continuación en Somos grieta (BajAmar, 2021).

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